miércoles, 9 de septiembre de 2009

las mujeres (no sé si amigas) que perdí

No escribo nada desde que acabé el ciclo de la universidad a principios de julio. No fue nada agradable los días posteriores a los exámenes finales. El miedo de desaprobar me invadió terriblemente, al punto de desvelarme dos noches seguidas pensando en lo humillante que sería llevar un curso por segunda matrícula. A este abatimiento se sumó el trabajo en la agencia. Por aquel entonces debíamos cerrar con el diseño de una revista y por algunas ausencias mías, debido a los exámenes finales en la universidad, nos retrasamos con la revista, lo que causó que duplicara mi horario de trabajo durante los días que nos tomáramos terminarla. Por si fuera poco, debía acabar con el diseño de una página web. Si los últimos días de clases fueron terriblemente jodidos, lo era aun más los primeros días de mis vacaciones.

Después de librarme de toda responsabilidad, me dediqué exclusivamente a dormir hasta tarde, a relajarme, a jugar Stracraft, a mirar Candy, a leer, a escribir mails a mis amigos, a caminar en las noches, a reír con los Simpsons, a comer pizza, a tratar de ordenar mi cuarto, a tocar guitarra, a aprender a tocar la armónica, a seguir recetas de cocina sin éxito, a olvidarme de algunas personas y a conocer a otras, y es aquí donde empieza mi problema con las mujeres que perdí.

A Marita la conocí en la adolescencia. Nunca me gustó su nombre, mucho menos el diminutivo, pero a pesar que ya cumplió los 22 la sigo llamando Marita. Éramos grandes amigos, sin embargo nunca me enamoré de ella (y eso que enamorarse de la mejor amiga les pasa a todos). Estaba por pedir una hamburguesa en Janos cuando la veo apoyada en la barra. No había cambiado nada, creo que incluso seguía con el mismo peinado. La saludé, pero con su mirada me dijo: ¿Quién eres? No me quedó otra que presentarme como quien va a una entrevista de trabajo. Ella planeaba ir a un bar del centro con sus amigos. Un encuentro después de tanto tiempo merece ser acompañado por unos tragos, me dijo y yo acepté su invitación. A pesar de mi antisocialidad y timidez la pase bien en compañía de su grupo de amigos. Recordamos viejas travesuras, divertidas anécdotas y soñados amores de adolescencia. Vernos después de mucho tiempo me causo gran alegría. Gracias a ella tenía pasado y estaba recordándolo. Pero al verla bailar, tomar y fumar, al escucharla hablar, gritar y cantar entendí que ella dejó de ser la niña ingenua e inocente que conocí algún día. Cuando nuestros patrocinadores (los amigos de Marita) dejaron de subvencionarnos el licor, la noche había acabado para nosotros. Estábamos por despedirnos cuando me atreví a pedirle que me regale un poco de su tiempo por tres razones 1) nos habíamos quedado picados, 2) no nos veíamos hace mucho tiempo y 3) la noche era joven (las noches ya no son vírgenes, pero conservan su juventud). Caminamos hacia mi departamento. Le gritábamos a los autos por atravesarse en nuestro camino y tocábamos los timbres de las casas para luego correr como niños traviesos. Compramos un six pack de cerveza en el market del ovalo Larco y pasamos la noche juntos. Al amanecer, un grito suyo maldiciendo la hora me despertó. Me empujó, se levantó y empezó a vestirse. Yo esperaba que me dijera algo, pero no lo hizo. Te acompaño hasta el paradero, le dije. No gracias, sé perfectamente como llegué hasta aquí, me dijo. ¿Estás molesta?, me atreví a preguntarle. Dame una razón convincente para explicarles a mis padres la hora de mi llegada y paso la mañana contigo, me contestó. Puedes decirle la verdad, que encontraste un amigo de la adolescencia y pasaron la noche juntos y como estabas tan bien, te tomaste la mañana, talvez tus padres recuerden sus días de juventud y comprendan, le dije y sonreí, pero a ella no le hizo gracia mi broma. Pienso que nunca estuvo molesta conmigo, si no consigo mismo. Imagino que tenía problemas y no los quiso contar. Talvez por eso fuimos buenos amigos en el pasado, porque nunca nos contamos nuestros problemas, nunca nos tuvimos que preocupar uno del otro, ni discutimos por tonterías, como si lo hacen dos personas que se cuentan todo. Ahora solo somos dos extraños que pasaron un buen momento. No conozco a esta Marita, creo que ya no debería llamarla con el diminutivo. Cuando la veía arreglarse en el espejo me di cuenta que en los años que nos dejamos de ver muchas cosas han cambiado en nosotros. En la cocina está el intercomunicador, desde ahí puedes abrir la puerta de la calle, le dije y ella me agradeció secamente. Cuando terminó de arreglarse en el espejo se dio la vuelta hacia mí y me dijo: no fue la mejor noche que he vivido, no la recuerdo muy bien por los tragos encima, pero estoy segura que fue bonita, y se fue. Me quedé sentado en mi cama. Escuché la puerta del departamento cerrándose y salí hacia la ventana de la sala con la esperanza que voltee a verme y se despida de mi con una mirada triste, como en las películas, pero ella caminaba apresuradamente.

He invitado a Vanessa a pasar un rato conmigo en mi departamento, pero esperarla fuera de su casa a que termine de cambiarse no me hace ninguna gracia. Vanessa es una tipa inteligente, me gusta y le tengo ganas. La llamo dos veces y le pido que no se demore mucho, pero ella, sabe dios por qué motivos, no toma en cuenta mi situación. Cuando estoy decidido a irme, finalmente sale. Tomamos un taxi y en el camino conversamos de cualquier cosa sin importancia para matar el tiempo. Una vez en mi departamento, destapo un vino a cuchillazos. Conversamos entretenidamente. Ella husmea mis cosas mientras yo (con ganas de… bueno ya saben) pienso en algo inteligente para terminar en la cama. Me dice que está aburrida, me pregunta si no tengo alguna película o por ultimo algún juego de mesa. Traigo algunas películas de la otra habitación y entre todas escogemos “Vicky Cristina Barcelona”. Me sugiere que la veamos echados, con la pantalla del monitor a un extremo de la cama. Acepto la postura. En un principio la película me pareció más interesante que ella porque Woody Allen tenía un estilo peculiar de contar la historia con voz en off, como si se tratara de una fábula. However con el pasar de los minutos se tornó aburrida y comencé a pensar de nuevo en Vanessa. Suena estúpido de mi parte, en ese momento tan deseado (imagino que para mis lectores, si es que acaso los hay) preferir una película antes que la mujer que estaba recostada a mi lado (al menos me di cuenta a tiempo, aunque no fue del todo buena mi participación). Le empecé a acariciar el cuello y a darle besos. Ella en ningún momento me rechazó, sin embargo le dije algo que la hizo sentir incómoda. No recuerdo exactamente lo que le dije, pero ella me dijo que le había insinuado algo como que ella estaba aquí solo para tener sexo conmigo y no para pasar un tiempo conversando como amigos. Le dije que yo cuando hablo soy un imbécil, que en realidad hablo mal, que mil veces prefiero escribir y demorarme muchos días en un párrafo a hablar cualquier cosa (ahora que lo pienso, talvez sea el motivo principal de porque nunca me he declarado a alguien. Quizá lo hable o mejor dicho escriba en el siguiente post). Le pregunto si está molesta, me dice que no, pero no le creo. Entonces continuamos viendo la película que ya no cubre mis expectativas. Cuando Woody Allen termina de contarnos su aburrido final ella comienza a arreglarse. No le digo nada de lo sucedido, prefiero hablarle de otras cosas. En un momento le comento que hace años vi en una película que un niño, a media madrugada, le preguntaba a su mamá que hora era y ella le respondió que era temprano o tarde, todo dependía del punto de vista que lo vea. Recordé aquella escena porque yo esperaba que sea temprano para llamar a alguien e invitarla a salir. Vanessa se fue. Sé que molesta y decepcionada de mi y de mis palabras dichas. No me importó hasta que escuché la casilla de voz del celular de... no mencionaré su nombre, estoy tratando de olvidarla.

A Johana le tengo ganas desde que me invitó al cine el año pasado. Es una chica extraña y con suerte por lo que me cuenta. Extraña porque hace de un simple problema un mundo sin resolver: no es capaz de amar a alguien por el simple miedo a terminar en el futuro. Con suerte porque hay un montón de chicos atrás de ella invitándola al cine, a comer, a bailar, a caminar y a tomar. Esto último es, exclusivamente, mi caso. Llega a mi departamento y nos vamos a comprar algo de tomar. Ella me pide un Baylis o un Capricho o algo por el estilo, pero yo no tengo plata y solo me alcanza para comprar un six pack de cerveza. Cuando llegamos a mi cuarto desordenado trato de arreglarlo, pero es imposible; solo llego a ocultar las cosas que están fuera de su lugar, mas no ponerlas en su sitio. Pero esto no le importa a Johana, ella sabe que soy un desordenado por naturaleza y prefiere verme tal cual. Conversamos de todo un poco y un poco de todo, bailamos un vals y terminamos en la cama, sin embargo ella se rehusa a hacerlo. Trato de persuadirla con frases cursis, con promesas, con mentiras, con lo mejor del repertorio pero nada llega a convencerla. De pronto me dice: querer no es poder, y no entiendo la frase. Continúo con el vano intento de convencerla hasta que ella me dice algo que, definitivamente, me detuvo: estoy con la regla. Ya es tarde. Ella está echada a un lado de la cama. Cuando le pregunto si le pasa algo, me dice que está pensando. Se que está molesta, talvez me ha mentido con lo de su estado para no seguir insistiendo. Tiene miedo, con justa razón, a que yo le cuente nuestro encuentro a alguien, a que yo la esté usando para satisfacer mis bajos instintos y a que después de hoy no nos volvamos a hablar. De pronto se levanta y me dice que se irá. La acompaño al paradero y le pago el taxi a su casa.

Es martes, llamo a Rocío para confirmarle nuestro encuentro de mañana. Ella está tan emocionada, excitada y deseosa que me pide que nos veamos hoy. Lo pienso. A pesar que estoy trabajando la cito en una hora. (Talvez mi jefe nunca lea esto, quizás nadie nunca lea esto, pero si alguna vez lo lees, ya tienes el motivo por el que salí temprano del trabajo). Se demora en llegar a la hora pactada y la llamo a su casa. Su hermana me dice que acaba de salir. La espero unos minutos más y llega en su vestido negro. Con Rocío no hay incertidumbres ni problemas, siempre que nos hemos visto terminamos en la cama y aquel día no sería la excepción. Esta vez no tengo nada que ofrecer, ni vino, ni cerveza, ni agua. Sin embargo no demoramos en ir al grano. Cuando estamos teniendo sexo un estornudo mío detiene todo. Sufro un ataque de tos. De pronto, como si alguien hubiera activado alguna bacteria en mi, mi cuerpo comienza a calentarse a excepción de mis manos que se tornan heladas. Rocío se preocupa pensando que puede ser fiebre y peor aun, la porcina. De ser así ya te contagié íntegramente, le digo y toso de nuevo. No se aleja. Me tapa con una manta y permanece a mi lado. Me dice que me cuidara hasta que me ponga mejor y podamos continuar. Río, pero se confunde con la tos. Al rato se viste y comienza a chatear con un sujeto al que no conozco. Pienso que está sacando un plan, ya que el nuestro no funcionó como debía. No le digo nada. Me visto y me voy a la cocina a buscar algo de comer. Regreso con una galleta soda y un vaso de jugo. Ella sigue chateando y ahora ha activado la webcam. Termino de comer y sigue chateando. Quiero que se vaya pero no le digo nada. Me atrevo a decir que ya es tarde pero a ella no le importa. Entonces le digo que le empezaré a cobrar si sigue pegada de la computadora. Se despide de su amigo y la acompaño al paradero, pero ya es tarde y su micro no pasa. Decidimos caminar hacia la avenida España cuando vemos su micro acercarse. Ella no quiere subir porque el micro está repleto, pero yo, prácticamente, la empujo a subir y a ella no le queda otra alternativa que irse a su casa como en una lata de sardinas. Me alegro que al fin se fue y me voy a comer pizza (no quería invitarla). El sábado recibo un correo en el que me cuenta que ha estado enferma toda la semana.

viernes, 24 de julio de 2009

los vecinos

Vivo en un cuarto pequeño que alquilo cerca a la universidad donde estudio. Digo pequeño porque realmente es pequeño. Cuando vivía en la casa de mi mamá, mi cuarto era grande. En él entraban, cómodamente, mi cama, mi mesa de noche, mi escritorio, mi estante de libros, un closet empotrado con espejos, un par de sillas para la visita, un montón de cachivaches regados por el suelo y de vez en cuando armaba otra cama cuando me amanecía con alguien haciendo trabajos. Y me sobraba espacio. Ahora, en este cuarto arrinconado, solo entra mi cama muy pegada a la pared, mi mesa de noche que está casi por debajo de una mesa pequeña (que me presto mi hermano) en la que solo entra mi laptop. El papelero está detrás de mi, al lado de una cómoda que mi mamá me prestó (lo bueno es que tiene espejo grande) y que evita que una de las puertas del closet (que por cierto no tienen espejos) se abra, incomodándome al momento de colgar mi ropa. No entra nada más. El espacio que sobra para movilizarme es reducido, no puedo caminar en círculos cuando estoy estresado. Lo que si puedo es dar vueltas, pero me mareo.

No vivo solo. Aunque preferiría hacerlo porque detesto saludar a la gente. No vivo solo no porque quiera, si no porque me pareció más confiable venir a vivir con mi amiga Ana, quien es la que me alquila el cuarto, que ir donde una casa con inquilinos desconocidos y viejas brujas que me estén cobrando por cuarto, por luz, por agua, por Internet, por teléfono, por cable, en fin, por todo… aunque pensándolo bien, Ana me cobra hasta por la esponja para lavar platos. A Ana la conocí en la Feria del Libro de Trujillo, pero no fue hasta el viaje que hicimos a Estados Unidos (becados por el gobierno de los Estados Unidos en el verano del 2008) que nos conocimos mejor. Desde entonces empecé a hacerle bromas y ella a pedirme favores.

Además de Ana, está su primo, Enrique, quien me recuerda a mí en algunas cosas, empezando porque estudia derecho, aunque tiene la cara de estudiar comunicaciones. ¿Y cuál cara es la que tiene un estudiante de comunicaciones? la de un tipo que toma relajada la vida, sin complicaciones. Al menos esa cara siempre la veo al despertar antes de ir a mis clases. A veces le tengo pena a Enrique por tener a una prima como Ana, quien más que su prima parece su madre porque siempre está renegándole cosas, diciendo que debe y no debe hacer, a que hora debe comer, cuando debe estudiar, cuando debe ir a entrenar. A veces le tengo envidia porque al menos tiene alguien quien se preocupe por él.

El cuarto más grande (aunque sigue siendo pequeño) del departamento lo ocupa Melissa, quien en los últimos días recibe la visita diaria de un amante, quien posee llave del edificio, del departamento y de su cuarto. Es un tipo con cara de niño bueno, inocente y manejable al antojo de Melissa.

Los vecinos son poco agradables. Empezando por los dueños del edificio, la familia KOO. Yo sigo pensando que se lee “ka cero cero” y que esa palabra es una clave o un código o una señal secreta. Los Koo debieron haber contratado a un arquitecto inepto o a un ingeniero de cuarta o peor todavía a un estudiante de primer ciclo para la edificación de los departamentos, porque la distribución de ambientes del departamento no tiene ningún criterio en la comodidad del habitante, osea de mí.

Hay otra familia en el edificio, la que trata de vivir como si no viviera en un edificio porque me saludan de mala gana cuando me ven en las escaleras. Con ellos se completan todos los inquilinos. Ha de ser la fealdad de los departamentos lo que corre a las familias. Yo quisiera irme, buscar un hueco recóndito pero acogedor, donde no tenga que vivir con amantes ajenos y desconocidos, ni vecinos amargados, ni nadie que sepa quien soy ni que hago con mi vida entre cuatro paredes las noches de insomnio ni los fines de semana tristes.

lunes, 22 de junio de 2009

infeliz día huérfanos

0:00 AM
Me tomo la última cerveza de la noche.

0:05 AM
Converso con el inodoro.

0:015 AM
Me voy a dormir.

7:30 AM
Me despierto. Siempre me levanto temprano incluso si es domingo o feriado incluso si he tomado la noche anterior. Odio levantarme temprano cuando no tengo que hacer. Estoy en el departamento. Supuestamente hoy iba a trabajar para recuperar los días que falté, pero Arturo, mi jefe, no quiere que vaya, creo que creyó conveniente que pase el día del padre con el padre que no tengo o creo, que es lo más seguro, que debe estar revolcándose con alguien en la oficina. Encuentro afiches de la presentación del libro de cuentos de Bryce Echenique (nunca los pegué) con dibujos hechos a plumón por todo el suelo. Me pregunto si acaso los hice anoche. No lo recuerdo. Me saco el vestido negro que llevo puesto y me pongo algo decente para salir a comprar mi desayuno. No llevo mucho dinero conmigo, apenas unos soles que encontré en el suelo. Compro leche, pan, mantequilla y un bubbaloo que recibo a cambio de mi vuelto porque la señora no tiene sencillo. No hay nadie en el departamento. Desayuno tranquilo mientras veo un programa que trata de mensajeros que en bicicleta pueden hacer hasta 45 entregas al día en Boston. No me gusta el programa pero no lo cambio porque no tengo el control remoto y me da pereza cambiarlo manualmente. Lavo el vaso que usé para tomar leche y el plato donde puse los panes. Dejo todo en su sitio incluso la montaña de vajilla sucia que algún inquilino cochino y perezoso del departamento espera que otro lave para evitarse la fatiga. Regreso a mi cuarto y me da pena verlo en tal inhabitable situación. Pienso: Si el cuarto pudiera pensar pensaría que le tocó de huésped el peor de todos y me tendría pena. Duermo.

1:30 PM
Busco un lugar donde almorzar pero los restaurantes comunes y corrientes para estudiantes han cerrado. Seguro sus dueños han engordado sus billeteras durante toda la semana y hoy, día del padre, se han ido a comer a un restaurante que si valga la pena, donde no sirvan puré con moscas. Para mi suerte (o quizá no) El Abuelo está abierto. Su plato más barato es Ají de Gallina. No hay mucha gente almorzando en el local, apenas unas cinco personas solitarias que comen, resignados a su soledad, el plato de cinco soles. Llega al restaurante una pareja de jóvenes, al rato llega otro sujeto y se sienta con ellos y ordenan el plato de doble precio al mío. Los envidio. Los odio. Los maldigo en silencio y les deseo que su pollo venga con cucarachita. Me voy.

2:00 PM
Intento dormir pero no lo consigo. Me siento, me echo, me vuelvo a sentar, me vuelvo a echar, levanto las piernas, me echo de costado, me tapo con la frazada, me destapo, me vuelvo a tapar. No quiero estar en la cama, pero no tengo idea donde estar. De pronto se me ocurre el mejor de los placeres cuando uno está solo en la cama: leer. Mientras leo “El canalla sentimental” me doy cuenta que me parezco mucho a Jaime Baylys. Siempre termino pareciéndome a los personajes de las novelas que leo. De pronto recuerdo a Elizabeth porque la hermana de Martín, el novio de Jaime Baylys, se llama Candy y aunque Elizabeth no se llame Candy, se parece mucho a ella, no a la hermana de Martín sino a la del dibujo animado. Dejo de leer y empiezo a buscar mi celular. Lo encuentro debajo de la laptop. No tengo llamadas perdidas ni mensajes recibidos. Espero que Elizabeth me llame aunque sé que no lo hará.

8:00 PM
Estoy viendo Los Simpson. Hace buen tiempo que no veía televisión, no porque no quiera, sino porque ya no tengo tiempo para otras actividades que no sean ir a la universidad (prefiero decir ir a la universidad a decir estudiar), trabajar y sobrevivir. La familia amarilla no me da risa a pesar que siempre lo ha hecho. Suelto una carcajada fingida para engañarme a mi mismo.

10:20 PM
He ordenado una hamburguesa royal con chicha. A mi costado hay un sujeto borracho que no pasa la altura de mi hombro. Otro sujeto, que viene con él, sobrio, pide una chicha para su amigo. El chato borracho comienza a hablar en inglés pero su repertorio no pasa de decir: I don’t know, OK, I don’t know, OK, I don’t know, OK, I don’t know, I love you chato, refiriéndose al cocinero. Pienso: que conchudo. Luego parece que ya supiera algo porque empieza a decir: I know. I know, I know. Lo miro y sonrío de lo patético que pueden llegar algunas personas cuando toman o mejor dicho cuando no saben tomar. El chato agringado le habla en español al sujeto que viene con él. Le dice que lo quiere, que desea lo mejor para él, para Rubén, para Arturo, que por eso está haciendo todo eso, para que ellos sean felices y si ellos son felices, el chato borracho también será feliz. Luego le dice que lo ama y comienza a moquear. Pienso: pobre y triste huevón. Que un hombre llore delante de otro, cual fuere el motivo, es humillante. Me voy.

Camino. Trato de recordar a mi padre. Sólo recuerdo momentos en general, nada en particular, nada preciso, nada que valga la pena recordar. Regreso al departamento.

00:00 AM
Me tomo la primera cerveza de la noche.

sábado, 13 de junio de 2009

keisy

Royer recién iba a almorzar, entonces llamé a Karen para decirle que llegaría a las 4.30 PM a la casa de Fiorella para el Focus Group. No recuerdo exactamente lo que me dijo por teléfono, habló tan rápido que no me dio tiempo de procesar sus palabras, lo único que entendí es que máximo me esperaba hasta las 4.10 PM. Entonces llamé a Royer y le dije que nos encontraríamos en el gimnasio Planet porque la casa de Fiorella queda cerca de ese sitio, me dijo que iría lo más rápido posible, sin embargo algo me dijo que no llegaría, que iba a preferir salir con su gorda que ayudarme en mi trabajo. Llamé a Moli (quien debió ser llevada por Dante, quien en ese momento se iba a Chiclayo) para decirle que iría a recogerla a las cuatro y no un cuarto para las cuatro como habíamos quedado. Luego llamé a Keisy, quien sorprendida por la repentina llamada y luego de ponerme mil excusas para negarse ayudarme en mi Focus Group, terminó aceptando.

A Keisy la conocí el 18 de octubre del 2005. Dudo que ella se acuerde de la fecha, incluso dudo que se acuerde de cómo nos conocimos. La conocí cuando cursaba el 2do ciclo de la carrera de Derecho. Yo nunca me había atrevido acercarme a una chica para iniciar una conversación, soy bien tímido para esas cosas, pero Keisy me gustaba y sabía que si yo no le decía hola, soy Héctor y existo, jamás nos conoceríamos. Cada cierto tiempo me da arranques de locura y la tarde de aquel día, contra todo pronóstico y apuesta de amigos, y aunque haya sido rochoso, vergonzoso, ridículo y hasta patético, le hablé.

Toco la puerta de la casa de Keisy, nunca antes había ido. No estaba seguro que fuera su casa porque nadie salía. De pronto, cuando estaba por irme, apareció. Con el apuro no recuerdo si llegamos a saludarnos, subimos al taxi y fuimos a recoger a Moli. En el camino le explico de qué se trata el Focus Group o mejor dicho le explico qué es un Focus Group y le pido que mienta, falsee, invente datos que me ayuden en mi trabajo, pero ella no me escucha y cuando trato de llamar su atención me pregunta cómo he estado…

Siempre busqué oportunidades para decirle que me gustaba pero la timidez me ganaba. A veces quería invitarla a salir, pero le daba tanta vuelta al asunto que cuando me decidía ella conversaba con algún otro. Siempre he tenido problemas en invitar a alguien a salir, incluso si son mis amigas, porque luego se alucinan que uno está templado de ella y bueno fuera si quedara ahí, pero para alucinarse más se lo cuentan a sus amigas, quienes luego terminan preguntándome si es cierto que me gusta su amiga y por más que les diga que no, no me creen. Felizmente esto no pasaba con Keisy. No conocía a nadie de su grupo de amigos ni ella conocía a mis patas y, además, nunca la invite a salir.

Recogimos a Moli (no estoy seguro si así se escribe) y llegamos 4:15 PM a la casa de Fiorella, sin embargo nuestra querida amiga “hasta las 4:10 PM te espero” no llegaba y no nos quedó otra que esperarla alrededor de unos 15 minutos. Al cabo del tiempo llega, pero sus invitados andaban perdidos encontrando la dirección, así que salimos a su búsqueda. Los hallamos y Karen se encargó de llevarlos mientras yo compraba la gaseosa, momento en el cual recibo un mensaje de Royer disculpándose porque no irá. Empezamos a las 5:00 de la tarde y eso ya era tarde. Joysi se ofreció a servir de trípode de cámara, pero me dio pena, así que fui a la oficina de ARTCREA a pedirle prestado un trípode a Arturo, mi jefe, y sin preguntarme para qué lo quería me lo prestó.

Una vez acabado el ciclo dejé de ver a Keisy un buen tiempo. Rara vez nos encontrábamos en MSN. Pasaron dos años y recibí sorpresivamente un correo de ella. En él me escribía que a pesar de nunca vernos, siempre pensaba en mi y que le gustaría vernos algún día. Yo ya no pensaba en ella, en esos dos años había conocido a otra chica que ingratamente nunca me devolvió una llamada, nunca me escribió por iniciativa y nunca me visitó. No obstante comencé a salir con Keisy, salíamos a caminar, me vino a ver un par de veces, íbamos de compras y a comer y fuimos al cine, pero nunca entramos. Sin embargo otra vez nos dejamos de ver.

El registro videográfico del Focus Group iba de mal en peor. Para empezar desde la posición de la cámara no se llegaban a ver todos los participantes. Como era el comedor de la casa de Fiorella, quien gentilmente nos había ayudado en el trabajo, era justificable que su familia reciba visitas y el timbre suene a cada rato y que el bebé de su hermana lloré sin control y que se paseen delante de la cámara. Y por si fuera poco la cinta de la cámara de Karen se llenó a mitad del Focus Group.
Me llama Zayda al celular y me dice que está en la universidad y que vaya a pagarle ahora, porque tiene que hacer otras cosas y no tiene tiempo para esperarme, le digo que iré, pero cuando estoy por salir Joysi me detiene, me dice que no puedo irme hasta que acabe el trabajo. No digo nada. Al cabo de un rato Zayda me manda un mensaje de texto en el cual me dice que me apure, que tiene cosas urgentes que hacerch. Esta vez intento escaparme pero Joysi me descubre y me obliga a quedarme. Pasan 10 minutos y Zayda vuelve a llamarme, le digo que saldré de inmediato pero que mejor nos encontremos en Bellas Artes porque estoy un poco lejos de la universidad. Karen hace un break al Focus Group y aprovecho que Joysi esta sirviendo los bocaditos y la gaseosa para salir. Le pago a Zayda las dos entradas que me vendió para un concierto sinfónico donde ella cantará. Me promete que el concierto estará espectacular y yo le prometo que estaré en primera fila y seré el primero en aplaudirla.

Nos volvimos a ver unos meses después en la Feria del Libro de Trujillo, ella era vendedora de DIPUSA y yo parte de la organización de la Feria. Fuimos a comer y tomamos un café e hicimos planes para después de la Feria, pero otra vez dejamos de vernos.

Regreso al Focus Group y todo empeoraba. Karen, quien hacía de moderadora, opinaba más que los invitados, a la cámara de apoyo se le agotó la batería y por si fuera poco no llegué a probar ni un bocadito, que en realidad eran galletas margaritas. No recuerdo a que hora acabó el Focus Group, pero afuera llovía. Keisy me acompañó a mi departamento a dejar el trípode y recoger otras cosas para irme a la casa de mi mamá en San Fernando. Tomamos “la A1” de los micros morados y recordé esos días de universidad en los que nos íbamos conversando o mejor dicho en los que ella, como toda mujer, se iba conversando sola. Esta vez nos vamos parados y ella me cuenta que está criando cuyes y espera que para su cumpleaños, en enero, estén regordetes y pueda comérselos. Piensa hacer su cumpleaños como una fiesta patronal, dará cuy con ajiaco, adornará su casa con esos motivos y construirá un castillo pequeño de fuegos artificiales. Le digo que está loca. Ella me sigue contando sus planes, lo tiene todo detallado a pesar que falta 7 meses. Espera que el año que viene vaya a su fiesta. Le prometo que iré como quien promete estudiar cada vez que empieza un ciclo. Nos despedimos y me sugiere que un día de estos salgamos, le digo que la llamaré, pero cuando la veo irse sé que no la volveré a ver en un buen tiempo, y pienso que quizá ese es el ciclo natural de nuestra amistad: hoy nos vimos, talvez no nos veamos hasta el otro año.

sábado, 23 de mayo de 2009

faltando a mi promesa por una injusta razon

hoy me van a disculpar muchas cosas, empezando por la ortografia y la falta de coherencia del texto. me disculaparan pork todos en algun momento de su vida se han tomado sus chelas y se han puetso a escribir sin razon, solo por la neesidad o el impulso de inercia de escribir.
como casi nadie, cuando tomo lo hago por cualquier razon, a veces solo por saborear una chela, otras veces pork la chela me mira dias atras diciendome: tomame tomame, otras veces pork me siento feliz, otras veces pork no tengo ke tomar (ni sikiera leche) y como nunca, como hoy, tomo por estar triste y deprimido.

brindo con la soledad esta noche y falto a mi promesa. ?porke?? pork me siento solo, abandonado, excluido, aislado como aislan a los de la gripe porcina ke tanto esta de moda y ke a mi no me da :(..........

me acompanian unas cuskenias, siempre fieles ellas y la soledad no deja de hablar de su triste pasado, de sus recuerdos. es entonces ke me cuenta ( ahi sentada donde siempre) ke una vez tuvo una ilusion de esas de cuento de hadas, de esas ke se han hecho para contar, de esas ke se han hecho para llorar........

espero ke no os olvidais el dia de mi cumpleanios y ke traigas varios regalos inservibles

esta noche estoy triste y medio borracho, pero me siento bien.

viernes, 22 de mayo de 2009

cine teatro ayacucho

Cuando el sol se ocultaba por detrás de las casonas del centro de Trujillo y las bombillas de los postes empezaban a prenderse, tres jóvenes llevados por la curiosidad y la excitación de transgredir lo prohibido, de conocer mas allá de las fronteras de la moral, de experimentar situaciones distintas, pulsaciones extrañas, miradas diferentes; decidieron con dudas y titubeos, visitar el CINE TEATRO AYACUCHO.

Entramos por la puerta principal en la que se ubican pequeños negocios de venta de celulares, locutorio, gorras y dólares que sirven como cortina entre la sala y el mundo de afuera. En boletería no había nadie y la cartelera estaba vacía. Nos disponíamos a ingresar cuando una voz desde atrás nos llamó. El sujeto que atendía en el locutorio nos hizo una seña para que nos acercáramos.
–No sabrás quién atiende en el cine porque… –quiso preguntar David.
–Cinco soles cada uno –le interrumpió
Casi por reflejo sacamos el dinero y le pagamos. De su gaveta sacó las entradas y nos indicó el camino. Subimos unas viejas escaleras de madera y en el pasillo vimos fotos de la construcción del monumento de la Plaza de Armas, entre otras imágenes antiguas de la ciudad. Esto debería estar en un museo, pensé.

Nos encontramos frente a las cortinas de la SALA 02 de la que se escuchaba gemidos. Por un momento vacilé. Un hombre salió y se dirigió al final del pasillo. Al otro extremo, cuatro hombres sentados nos observaban. No había lugar para decir ya no quiero entrar, mejor vámonos, regresamos otro día, puede ser peligroso, hay que decirle que nos devuelva el dinero, no pasa nada, entra tu solo, yo me voy, ya me voy.

Una vez adentro nos acomodamos en nuestros asientos. No era un lugar tan grande pero las butacas eran cómodas y el ambiente, con un aire de antigüedad e historia, acogedor. Al igual que en los pasillos, hay fotos antiguas de la ciudad. En el techo el grabado de una lira hace honor al nombre de CINE TEATRO. Por primera vez para nosotros y en pantalla gigante, un negro con un gorro como el de Tony Baretta le lamía el coño a una negra voluptuosa que no dejaba de gemir.

Delante de nosotros dos jóvenes miraban la película sin decir una sola palabra, para el otro lado un hombre con las piernas sobre el asiento de adelante no dejaba de masturbarse, un sujeto de unos 26 años y bien vestido entraba y salía, otro de 50 llegaba y como si estuviese en su casa se puso cómodo, algunos prendían sus cigarros, otros tomaban un poco de licor, solos, acompañados, todos en su mundo miraban al negro culearse a la negra. Me dio nauseas.

Entre las cortinas de ingreso se distinguía una silueta femenina. Ingenuamente pensé que se trataba de una mujer. ¿Una mujer en un lugar como aquel? Definitivamente era un cabro. Uno de los dos tipos que estaba delante de nosotros le salió a su encuentro y después de conversar unos minutos se sentaron a nuestras espaldas.
– ¿Cuál de los tres?
–El de aquí se ve bien – dijo el fémino

Fue entonces que tuve miedo. Nos estaban sorteando. Se habían dado cuenta que éramos extraños, que veníamos de afuera, de la sociedad conservadora y que por primera vez nos adentrábamos en un antro donde la lujuria, el libertinaje y la sodomía es el pan de cada día.

–Vámonos de aquí, ya es tarde – le dije a Igor
–Espérate un rato más –me dijo mientras miraba una nueva película: una morena iba a ser cogida por tres militares tontos dentro de un tren.
Que pendejo, pensé, sin embargo debo admitir que también quería quedarme, pero tenía ir a trabajar.

Al final del pasillo, en el baño para caballeros un sujeto ordenaba a otro que deje limpio la ducha y al verme entrar me advirtió que no ensucie. De pronto la puerta se abrió y un tipo gordo me decía en voz baja, casi susurrando, flaco, quédate, dile a tus amigos para que se queden, nervioso vi mi reloj sin mirar la hora y con voz temblorosa le respondí, no puedo, ya es tarde y tengo cosas que hacer. Pero dile a tus amigos que se queden, un rato mas al menos, me insistía. Me quedaría, pero no puedo, le dije y abandoné el lugar con mis amigos algo mariconeados de tanto cabro.

Una vez afuera no dejaba de mirar a las personas. Todos eran tan iguales que cualquiera podía ser uno de ellos, cualquiera podía pertenecer a esa minoría excluida por la sociedad que busca un lugar donde puedan ser ellos mismos, sin secretos, sin apariencias, sin caretas ante nadie, ser tal cuales ante los suyos, cada uno con una historia, su pasado, su vida, y yo estuve con ellos.

Hace un par de días caminaba por Independencia cuando un tipo gordo me saludo desde la vereda del frente, sin reconocerlo le devolví el saludo para no pasar como maleducado. Al rato recordé que se trataba del mismo tipo que me invitó a quedarme en el cine cuando estaba en el baño. Quién sabe, talvez otro día vaya a visitarlo.

martes, 12 de mayo de 2009

adios MSN

Cursaba el segundo año de educación secundaria cuando creé mi primera cuenta en Hotmail. Intenté de alguna forma que “NIKO” estuviera en el nombre de usuario, pero cuando intentaba combinaciones con números y subguiones alguien ya lo tenía registrado. Al no conseguir nada, presioné cualquier tecla y le puse enter. La computadora aceptó el nombre y desde entonces fui virtualmente nipkoter@hotmail.com.

A pesar de tener mi cuenta de Hotmail, el Messenger no lo descubrí sino hasta el cuarto año de secundaria, época en la cual tener más de dos contactos en línea era motivo para festejar y sacarle pica a cualquiera. Con el tiempo, más gente conocía el msn y ya lograbas pasar de los cinco contactos. Aparecieron las populares cadenas que en ese entonces por la novedad, gracia y nuestra edad, eran interesantes, entretenidas y hasta coleccionable. Vinieron luego las famosas tarjetas virtuales que en realidad sólo eran para sacarnos la contraseña o en el peor de los casos enterarse de nuestros amores platónicos. Suscripciones a un montón de páginas innecesarias. La preocupación de descargar la última versión del MSN y agregábamos tantos contactos que les poníamos no admitir a algunos y a otros no los conocíamos.

Así fui creciendo, siempre preocupado por darle sentido al msn; invertía buena parte de mi tiempo (que viene a ser mi vida) en vivir para mis contactos.

Anécdotas las hay, una vez llegué de madrugada y algo tomado a mi cuarto y me conecté, pero no recuerdo que hice que mis contactos se eliminaron, nunca los recuperé todos. Otra de las cosas que me ha pasado por msn y creo que a todos les ha pasado es creer que estás chateando con tu pata y cuando te das cuenta le estás escribiendo a otro, ¡qué roche! Una noche tuve una videollamada con una amiga, pero el cansancio hizo que me durmiera (solía chatear echado en mi cama), cuando desperté a las 6 de la mañana ella estaba dormida del otro lado. También he tomado virtualmente acompañado.

Ha pasado mucho tiempo y son muchas las razones para eliminar mi msn, el virus que me atormenta enviando mensajes extraños, las noches de insomnio que nunca recupero, la manía de conectarse al menos un minuto, las conversaciones forzadas con gente que me llega, las ahora estúpidas cadenas, la preocupación de llegar algo tomado y escribirle a alguna chica, la posería de los nicks y las imágenes para mostrar, entre otras cosas que implica tener un msn.

Debo estar cansado de la vida, debo estar medio loco o loca, debo estar deprimido o algo por el estilo porque nadie elimina su msn de la noche a la mañana, mucho menos cuando implica una vida, tu misma vida.

No tendré msn más, al menos no por un buen tiempo. Quiero desconectarme del mundo, de la vida moderna, quiero conversar con la gente face to face y no a través de una laptop, quiero aprovechar el tiempo que usaba en el chat para tomarme una cerveza o salir a caminar, quiero evadir responsabilidades y tareas, quiero descansar un tiempo.

Gracias MSN, pero conmigo será hasta otra oportunidad.